Con “Chiapas Puede”, María conquista un sueño pendiente

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  • Para María, aprender significa ganar autonomía, fortalecer la confianza y abrir nuevos caminos para el futuro.

María de Jesús Hernández Pérez vive en la colonia Vida Mejor, en la capital chiapaneca. Durante mucho tiempo quiso apre222nder a leer y escribir, pero distintas circunstancias le cerraron las puertas de la educación. Hoy, esas puertas finalmente se abrieron.

Fue una vecina quien la invitó a integrarse al grupo de personas de su colonia que participan en el programa de alfabetización “Chiapas Puede”. Para María, recibir aquella noticia significó cumplir un anhelo que había guardado durante años.

“Se me llenó el corazón de alegría cuando me dijeron que había entrado al programa. Yo quería aprender, pero no había tenido la oportunidad. En los programas anteriores siempre me decían que mis papeles no habían pasado y me quedaba sin estudiar”, recuerda con emoción.

Impulsado por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, este programa coloca el bienestar de las personas en el centro de las políticas públicas y representa un paso firme para atender una deuda histórica con quienes durante años fueron excluidos de las oportunidades educativas.

Desde la Secretaría de Educación, encabezada por el secretario Roger Mandujano, se coordinan esfuerzos para llevar la alfabetización a cada rincón de Chiapas, bajo el principio del Lekil Kuxlejal (Buen Vivir), que reconoce los saberes comunitarios y promueve un aprendizaje consciente, cercano y con sentido para la vida.

Para María, aquellas tardes de aprendizaje pronto se convirtieron en algo más que clases. Se transformaron en un espacio propio: un lugar para compartir, reír, convivir y descubrir nuevas capacidades.

Como ama de casa y madre de familia, encontró en sus compañeros y compañeras una comunidad, y en su maestra, quien además es la vecina que la invitó a participar, una aliada para cumplir su propósito.

“Me gusta mucho venir a aprender. Me divertí y conviví con mis compañeros. Gracias a mi vecina, que ahora es mi maestra, pude formar parte de este gran programa”, comparte.

Pero el aprendizaje de María no se quedó en el aula. Llegó hasta su hogar y se convirtió también en una forma distinta de acompañar a sus hijos. Hoy puede participar con ellos en sus tareas, aprender juntos y demostrarles que nunca es tarde para comenzar algo nuevo.
“Ahora puedo ayudarme junto a mis hijos y hacer las tareas todos juntos para seguir aprendiendo”, expresa con orgullo.

La historia de María es también la historia de muchas mujeres chiapanecas que están descubriendo que la educación no tiene edad y que aprender a leer y escribir puede significar mucho más que reconocer palabras: puede significar recuperar la confianza, conquistar autonomía y volver a mirar el futuro con esperanza.

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