*Cándido Julián Cifuentes Castillo
Antes de mencionar cualquier información o concepto, me gustaría plantearte una pregunta a ti como lector: ¿qué estás haciendo aquí? Con ello me refiero a este portal que has abierto, que ha llegado a ti y que, asumo, te vincula con la educación. ¿Eres maestro? ¿Asesor técnico pedagógico? ¿Alguien interesado en el sistema educativo chiapaneco? No lo sé, pero creo que, independientemente de tu respuesta, estamos aquí por algo más grande. Estamos aquí para coadyuvar a transformar nuestro estado en un lugar mejor a través de la educación. Este, probablemente, sea nuestro superpoder.
En un par de años, la cantidad de personas en las que impactaremos a través de nuestra labor docente será tan amplia o reducida como nosotros decidamos, según lo que hagamos y el valor que otorguemos a nuestra vocación. Como docentes tenemos la capacidad de llegar a aquellos rincones de nuestro estado que históricamente han sido invisibilizados y marginados; aquellos que, por décadas, han padecido la amplitud de una brecha social y educativa que hoy nos empeñamos en reducir. Con nuestra presencia, nuestra acción y la perspectiva del Lekil Kuxlejal (el buen vivir), podemos deconstruir esa brecha para potenciar sus logros.
Comunidades rurales bajo esta premisa existen muchas: desde zonas de difícil acceso en la selva de Palenque hasta escuelas construidas en las altas montañas de El Porvenir y Siltepec, donde lenguas maternas como el ch’ol, el tsotsil, el tojolabal y el mam resuenan en los salones como el canto de las aves. Una de estas comunidades es el ejido Aquiles Serdán, en el municipio de Motozintla, Chiapas.
Aquiles Serdán resguarda un tesoro invaluable: una mezcla cultural palpable en su cocina, en los altos pinos y cipreses que adornan sus paisajes y en la increíble vista desde un espacio que llamamos Escuela Telesecundaria 945 Aquiles Serdán Alatriste. Este espacio ha sido un punto de encuentro donde los saberes, la reflexión y la necesidad de aprender han hecho germinar una semilla llamada HUMITO: la ciencia detrás de la cocina ancestral de la Sierra Madre de Chiapas.
HABLAR DESDE NUESTRA REALIDAD
Históricamente, hemos asumido de manera inconsciente que la ciencia y la tecnología están reservadas para quienes tienen la oportunidad de estudiar en escuelas con laboratorios e infraestructura de punta, o para una clase social a la que quienes crecimos en pequeñas comunidades nunca podríamos acceder.
Recuerdo un problema matemático en un grupo de primer grado de primaria en el que todos se equivocaron. Trataba sobre un cine en un centro comercial y pedía calcular el perímetro y el área de aquel espacio, así como determinar el mejor lugar para ver la pantalla. Cuando cuestioné por qué habían errado en algo tan sencillo, la verdad salió a la luz: ninguno de ellos tenía la más mínima idea de lo que era un cine, cómo se veía y, mucho menos, cuál era su funcionalidad.
Para los maestros que damos clases en contextos rurales, esta es una realidad a la que nos enfrentamos todos los días, un tema del que, hasta hace unos años, nadie hablaba de manera directa: la contextualización del currículo. Hoy, esa realidad ha cambiado. Gracias a la Nueva Escuela Mexicana y a la autonomía curricular, podemos entender que la ciencia, la tecnología y la innovación no son privilegios geográficos o económicos, sino un derecho que podemos hacer valer desde cualquier rincón de nuestro país.
EL PODER DE ELEGIR
Imagina que llegas como maestro unitario a una comunidad históricamente marginada, a tal punto que, después de 22 años de haber sido aperturada, la escuela no cuenta con ningún tipo de infraestructura. La población asume que esta es una situación normal; que la escuela incluso puede considerarse innecesaria, ya que la Telesecundaria —con sus escasos 20 alumnos— funciona apenas como un parámetro para indicar la edad en la que mujeres y hombres están listos para iniciar una vida laboral en el campo o migrar al extranjero.
Imagina que tienes dos opciones: quedarte con esos 20 alumnos y limitarte a enseñar mecánicamente los temas del currículo, o tratar de investigar, analizar y comprender cuál es el problema verdadero para poder actuar.
Imagina que decides hacer lo segundo y que, un par de años después, terminas con un grupo de alumnos que obtiene una acreditación internacional para una feria de ciencias en Indonesia, en ExpoCiencias Nacional, representando a México con un proyecto que tiene tanto corazón que se ha convertido en un referente cultural, científico y humano, con un alto alcance en redes sociales y televisión nacional.
¿Y si te digo que esta historia es real?
HUMITO es un Proyecto de Integración Comunitaria (PIC) cuya meta inicial era clara: reivindicar el papel que cumple la escuela en la comunidad, estableciendo vínculos de colaboración entre alumnos, docentes, madres, padres de familia y la población del ejido. La primera pregunta fue: ¿qué hacer para alcanzar esta meta? La lista de barreras era compleja: falta de recursos, rezago derivado de la pandemia de COVID-19, inasistencia y deserción escolar. Pero, al caminar por las calles, escuchar a las personas y conocer la historia de la comunidad, llegamos a una conclusión con los alumnos: tenemos fortalezas que podemos aprovechar.
La conclusión de esas primeras semanas de investigación fue clara: abrazar nuestras carencias y convertirlas en áreas de oportunidad. No teníamos infraestructura, pero estábamos rodeados de naturaleza para observar y estudiar; no había recursos económicos, pero éramos de las pocas comunidades en cosechar trigo y, aunque no contábamos con un laboratorio de ciencias, podíamos utilizar el entorno para convertirlo en un espacio de aprendizaje y convivencia.
ESCUCHAR TODAS LAS VOCES
¿Sabes qué sucede cuando dejas que los alumnos pregunten, te compartan lo que saben o propongan ideas? El salón de clases se convierte en un cúmulo de voces proactivas y curiosas.
Ejemplo de ello fue una clase en la que cocinamos un huevo para observar su transformación. Los estudiantes comenzaron a cuestionar: ¿Por qué sucede esto? ¿Qué otros ejemplos de cambio químico existen en nuestra vida diaria? ¿Hay química en el café que tomé en la mañana? Mi abuelita hace pan de trigo, ¿y si hacemos pan para explicar los tipos de mezclas y la separación de componentes? ¿Y si lo hacemos mañana?
Tal como dice Frida Díaz Barriga, “Escuchar lo que el estudiante piensa frente a un problema es el punto de partida indispensable para construir un aprendizaje verdaderamente significativo”. Aquella clase fue el detonante para construir un fogón tradicional a base de adobe, hecho por los propios alumnos con la ayuda de sus padres. Abrimos las puertas para que nos enseñaran a construirlo, dando el primer paso para comenzar a ser comunidad, porque una escuela que comprende que necesita de su población es una escuela que crea las alianzas y redes de colaboración necesarias para el intercambio de saberes.
Esas actividades fueron las llamas del fuego sobre el que se comenzaría a cocinar HUMITO. Decidí escuchar a mis alumnos y, dos semanas más tarde, ya habíamos horneado pan de trigo (pan sheka), hecho encuestas, entrevistas, gráficas de inversión y ganancias, así como anuncios publicitarios.
Poco a poco, la comunidad comenzó a compartir sus saberes, herencia de sus raíces guatemaltecas y mayas. Así conocimos las propiedades hipoglucémicas del chilacayote, las técnicas de cultivo milenarias, la conexión entre la tierra y las fases de la luna, y cómo cada una de aquellas historias tenía un fundamento profundamente vinculado con la Biología, la Física y la Química.
Entendimos que “Nadie educa a nadie, nadie se educa a solas, los hombres se educan en comunión, mediados por el mundo” (Freire, 1997), y que esas personas que a diario caminaban entre nosotros eran científicos: científicos del campo. Teníamos que dignificar sus saberes.
SALDAR LA DEUDA HISTÓRICA: ALFABETIZACIÓN CIENTÍFICA PARA NUESTROS MAYORES
El acceso a la educación es un derecho universal en nuestro país, pero también representa una deuda histórica con las generaciones pasadas de las comunidades más alejadas de nuestro estado. Las personas mayores suelen creer erróneamente que la ciencia no tiene nada que ver con ellas; que está desligada de las trilladoras con las que despojan las espigas de trigo, de las despulpadoras de café, de sus molinos de mano o de la luna llena que les avisa que es momento de sembrar el maíz, sin dimensionar que es precisamente ahí donde surgen los saberes que fueron las raíces del mundo.
Reivindicar a nuestros ancestros y reducir la brecha educativa de los adultos mayores fue el siguiente propósito de HUMITO: lograr una alfabetización científica que permitiera a nuestros adultos comprender la ciencia detrás de la nixtamalización, la física durante la molienda del maíz y la biología detrás de cada cultivo, asumiendo así su papel como guardianes del saber.
Fruto de esta iniciativa se crearon tres libros que rescatan las recetas ancestrales y la ciencia que las acompaña en el día a día: Humito, Tierrita mojada y Hojita de milpa. Son libros que todos pueden comprender, escritos por ellos y para ellos, en los que sus voces son plasmadas y fundamentadas desde una perspectiva científica. Estos materiales dieron paso a la implementación de talleres llamados Científicos del campo, en los que alumnas y alumnos podían explicar y compartir esta nueva resignificación de su realidad.
Como señala Díaz Barriga (2023), el sentido de la Nueva Escuela Mexicana radica en devolverle a la comunidad su papel como coconstructora de la educación, entendiendo que el saber escolar adquiere verdadero significado cuando dialoga con los saberes comunitarios.
Esta visión de una educación vinculada con el territorio, la comunidad y la transformación social encuentra también un espacio de impulso en Chiapas. En esta ruta, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y el secretario de Educación, Dr. Roger Mandujano Ayala, representan una apuesta por fortalecer una educación con sentido humano, cercana a las comunidades y capaz de reconocer la diversidad de saberes que existen en nuestro estado.
MÁS ALLÁ DE LAS AULAS: EL ECO DE HUMITO
Ver a las personas redescubrir su realidad desde la ciencia fue vislumbrar una transformación ideológica que valoriza los saberes ancestrales y busca la evolución de su comunidad.
Hoy, HUMITO no solo son tres libros publicados; son más de 800 árboles reforestados, vinculando el estudio del ecosistema, las especies locales y la historia de sucesos que han impactado en la deforestación de algunas zonas del ejido. Son también ediciones trimestrales de la revista Aquiles vengo a contar…, donde se realizan reportajes y entrevistas sobre personas, familias, tradiciones, sistemas de cultivo y temas de relevancia, mismos que son utilizados para crear contenido educativo en plataformas como Facebook, TikTok y Spotify, favoreciendo la interiorización de que cada persona y familia es importante, visible y portadora de una innovación ancestral.
HUMITO ha demostrado que las redes sociales no están peleadas con los propósitos educativos; por el contrario, son un altavoz para que más personas despierten su interés por la ciencia y por el aprendizaje. Esto nos llevó a ganar el Premio Estatal de la Juventud 2025, al asumir docentes y alumnos nuestro rol como agentes de cambio y demostrar que, unidos a través del trabajo colaborativo, podemos crear comunidades de aprendizaje que generen un impacto social verdadero.
Bajo la perspectiva de Johnson y Johnson (2014), el éxito educativo no es un logro individual, sino el resultado de tejer redes de interdependencia positiva donde la escuela, las familias y la comunidad comprenden que el bienestar y el aprendizaje de las y los jóvenes es una responsabilidad compartida. Cuando se rompe el aislamiento escolar y se colabora de forma estrecha, los logros académicos y formativos se potencian exponencialmente, dando como resultado experiencias de aprendizaje verdaderamente significativas.
Este proyecto es profundamente humano y el reflejo de compañeros docentes y alumnos que creyeron que una mejor educación es posible, demostrando que podemos hablar de innovación científica y tecnológica a pesar de cualquier carencia.
Hoy puedo decir que en la Sierra Madre de Chiapas estamos haciendo ciencia: ciencia con identidad. Y, por ello, te invito a ti, maestra, maestro, a que asumamos nuestro papel como agentes de cambio dentro de la Nueva Escuela Mexicana para sembrar la semilla de un Chiapas lleno de progreso y Lekil Kuxlejal.
¡Por amor a la ciencia!
¡Por amor al campo!
*Docente de la Escuela Telesecundaria 945 “Aquiles Serdán Alatriste”
BIBLIOGRAFÍA
- Díaz Barriga, Á. (2023). La propedéutica curricular y los ejes articuladores en la Nueva Escuela Mexicana. Revista Iberoamericana de Educación Superior (RIES), 14(40), 45-60.
- Díaz Barriga, F. (2006). Enseñanza situada: Vínculo entre la escuela y la vida. McGraw-Hill.
- Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.
- Johnson, D. W., & Johnson, R. T. (2014). La evaluación en el aprendizaje cooperativo: Cómo mejorar la evaluación individual a través del grupo. Ediciones SM.
- Secretaría de Educación Pública [SEP]. (2022). Plan de Estudios 2022 para la educación preescolar, primaria y secundaria. Ciudad de México: SEP.





