La valentía de Lucía; ejemplo de la revolución de las conciencias en Santiago El Pinar

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*Aprender a leer y escribir no solo cambió su vida, también sembró esperanza para las futuras generaciones de su familia.

Lucía Ruiz Gómez sabe que el conocimiento transforma destinos. Hoy, su mayor anhelo es que sus hijas e hijos puedan concluir una carrera profesional, una oportunidad que a ella le fue negada en su infancia, cuando el miedo y la distancia le cerraron el camino a la escuela.

“Para ir a la primaria tenía que caminar una hora entre el monte. Me daba mucho miedo ir sola. Por eso nunca fui a la escuela”, recordó Lucía con voz serena, pero firme. Sus palabras resonaron durante la entrega de las becas “Rosario Castellanos”, en el municipio de Santiago El Pinar, como un testimonio vivo de las desigualdades históricas que hoy el estado de Chiapas trabaja por saldar.

Historias como la de Lucía dan sentido al programa de alfabetización “Chiapas Puede”, una política pública profundamente humanista impulsada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, que concibe a la educación como un acto de justicia social y una herramienta de transformación real. Bajo la coordinación del secretario de Educación, Roger Mandujano Ayala, este esfuerzo prioriza llegar a quienes durante décadas quedaron al margen del derecho a la educación.

Lucía, de 31 años, madre de cuatro niñas y niños y ama de casa, comenzó su camino en la alfabetización cuando un grupo de maestras y maestros alfabetizadores llegó hasta la puerta de su hogar. Ahí inició una experiencia que no solo recuperó el aprendizaje pendiente de su niñez, sino que también le devolvió la confianza en sí misma.

“Cuando empecé a escribir me dolían mucho las manos, pero poco a poco aprendí. Invito a las personas a que tengan el valor de estudiar, porque trae muchas cosas buenas. Si yo pude, ellos también pueden”, comparte con emoción, convencida de que aprender también es un acto de valentía.

Uno de los mayores regalos que le ha dado la alfabetización es poder compartir el estudio con sus hijas e hijos. Hoy, la tarea se hace en familia, entre risas, paciencia y apoyo mutuo: “Ahora hacemos la tarea juntos. Ellos me ayudan y me explican. Yo quiero que aprendan lo que yo no pude, que sigan estudiando y cumplan sus sueños”.

Lucía también reconoce el acompañamiento de su maestra, María Isabel, quien supo mirar más allá de las edades y construir, desde el trabajo colectivo, un espacio de aprendizaje solidario.

“El primer día no sabía nada. Solo sabía que quería aprender letras y números. Antes soñaba con ser maestra y hoy, con el apoyo del gobernador, lo veo como una posibilidad real. Me siento muy feliz, es como un nuevo comienzo”, compartió con orgullo.

Aprender a leer y escribir le ha dado a Lucía algo invaluable: seguridad para enfrentar la vida cotidiana. Antes, dependía de otros para entender indicaciones o ayudar a sus hijos en la escuela. Hoy, se sabe capaz: “Todo es diferente. Ya reconocemos las cosas y podemos responder con confianza. Gracias al estudio tuve esta nueva oportunidad de aprender y de ver la vida de otra manera”.

“Chiapas Puede” es más que un programa de alfabetización; es una declaración de principios de la Secretaría de Educación: llevar el conocimiento hasta donde antes no llegaba, reparar desigualdades y demostrar que nunca es tarde para comenzar de nuevo. En cada palabra aprendida, en cada historia como la de Lucía, se construye una Chiapas más justa, más consciente y con futuro.

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