- La familia Sánchez Gutiérrez, de la colonia Patria Nueva, es ejemplo de solidaridad, compromiso y servicio comunitario dentro del programa “Chiapas Puede”.
En una vivienda de la popular colonia de Tuxtla Gutiérrez, el comedor dejó de ser únicamente el lugar de las reuniones familiares para convertirse en un aula donde nacen nuevas oportunidades. Ahí, entre una mesa, un pizarrón y el entusiasmo de quienes decidieron compartir su tiempo y conocimientos, 44 personas encontraron la oportunidad de iniciar un nuevo capítulo en sus vidas gracias al esfuerzo conjunto de esta familia, que demuestra que la alfabetización también puede comenzar en casa.
Inspirados por el llamado humanista del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, abrieron las puertas de su hogar para enseñar a leer y escribir a personas de su comunidad. Lo hicieron convencidos de que la educación no solo transmite conocimientos, sino que devuelve dignidad, fortalece la autonomía y transforma vidas.
Como parte de esta política pública de justicia social, la Secretaría de Educación, encabezada por Roger Mandujano, coordina el programa de alfabetización “Chiapas Puede”, acercando oportunidades educativas a personas mayores de 15 años que, por diversas circunstancias, no pudieron ejercer plenamente su derecho a la educación.
Para María Asunción Gutiérrez, maestra de artes, integrarse al programa significó mucho más que compartir sus conocimientos. Con el paso del tiempo, descubrió que enseñar también era una forma de rendir homenaje a su padre, un hombre que hizo del servicio a los demás su mayor legado.
“Nunca estuvo en nuestros planes convertir nuestra casa en un salón de clases, pero siempre me ha gustado ayudar y hacer cosas que generan un cambio. Alfabetizar significa impulsar a mis educandos para que sigan adelante. Ver cómo descubren nuevas oportunidades y se superan es, sin duda, mi mayor satisfacción”, comparte emocionada.
Su compromiso pronto contagió al resto de la familia. Su esposo, Julio César Sánchez, y su hija, Paloma Carolina, comenzaron apoyándola con la adecuación del espacio: pintaron el lugar, consiguieron una mesa, sillas y un pizarrón. Poco a poco, aquel esfuerzo familiar se transformó en un verdadero centro de aprendizaje y esperanza. Lo que inició como un acto de apoyo terminó despertando en ambos el deseo de convertirse también en alfabetizadores.
Paloma, estudiante de Medicina, asegura que esta experiencia cambió profundamente su forma de entender el servicio a los demás. “En ocasiones tuve que pedir permiso con mis maestros para llegar a tiempo a dar clases. Enseñar me ha llenado de satisfacción. Aprendes mucho de las personas y descubres que, con algo tan valioso como la educación, puedes encender una nueva esperanza en sus vidas.”
Entre sus responsabilidades como maestra de artes, contador público y estudiante de Medicina, la familia Sánchez Gutiérrez ha demostrado que siempre existe espacio para servir cuando existe voluntad. Su historia confirma que la transformación de Chiapas no solo ocurre en las aulas o en las instituciones; también nace en los hogares, donde la solidaridad encuentra un lugar para sembrar conocimiento.
Hoy, cada persona que cruza la puerta de esta casa sale con mucho más que una lección de lectura o escritura: se lleva la certeza de que nunca es tarde para aprender y de que una comunidad unida puede cambiar el destino de las personas. Porque cuando una familia decide enseñar, no solo abre las puertas de su hogar; abre también las puertas de un futuro más digno para Chiapas.




