- La palabra como puente: de Balún Canán a Chiapas Puede
Rosario Castellanos escribió desde las heridas de Chiapas. Supo mirar, entre silencios y desigualdades, aquello que durante siglos permaneció invisible: la distancia entre mundos que convivían, pero que pocas veces se comprendían.
“Para ellos era lo mismo que Ernesto leyera el almanaque o cualquier otro libro. Ellos no sabían hablar español. Ernesto no sabía hablar tseltal. No existía la menor posibilidad de comprensión entre ambos”, escribió en Balún Canán.
En esa escena breve y dolorosa, Castellanos retrató una de las fracturas más profundas de Chiapas: una educación incapaz de escuchar al otro, distante de la lengua, de la memoria y de la identidad de los pueblos originarios.
Décadas después, aquella reflexión continúa resonando con fuerza. El eco de Rosario atraviesa montañas, comunidades y generaciones, y encuentra una nueva conversación en las acciones impulsadas desde la visión humanista del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, quien ha asumido el compromiso de transformar vidas a través de la educación y de revolucionar Chiapas desde el lápiz, la palabra y la dignidad, mediante el programa de alfabetización “Chiapas Puede”.
Bajo la coordinación de la Secretaría de Educación, encabezada por Roger Mandujano, este esfuerzo se ha traducido en una apuesta profundamente humana: cambiar la vida de miles de personas que históricamente permanecieron al margen del derecho pleno a aprender, escribir y nombrar el mundo desde sí mismas.
Porque si algo nos enseñó Rosario Castellanos es que el lenguaje no es sólo una herramienta: es casa, memoria y pertenencia. “Pensamos en el lenguaje y por medio de él”, escribió alguna vez. Y justamente ahí habita uno de los sentidos más hondos de Chiapas Puede: alfabetizar no sólo para leer palabras, sino para reconstruir puentes de comprensión, dignidad y encuentro.
Desde una mirada intercultural y con un enfoque decolonial, el método Matías de Córdova busca derribar una de las barreras históricas más profundas de los procesos de enseñanza y aprendizaje: la del lenguaje entendido como exclusión. Porque aprender no puede significar renunciar a lo que se es; aprender también significa pertenecer.
A través de los Estándares de Competencia en Alfabetización Intercultural Bilingüe, el material educativo incorpora hoy cinco lenguas originarias —tsotsil, tseltal, ch’ol, tojolabal y zoque— además del español. Con ello, se fortalece el reconocimiento cultural, el aprendizaje desde el territorio y la valoración de los saberes ancestrales y comunitarios que han sostenido la memoria viva de los pueblos de Chiapas.
En cada comunidad donde una persona aprende a leer y escribir —en español o en su lengua materna— también florece algo más profundo: la certeza de pertenecer, de ser escuchada y de que, finalmente, el eco de aquellas palabras de Rosario empieza a responderse con esperanza.





